El punto medio

No sé por qué te resulta tan difícil entender que yo no quiero ser feliz… ni desgraciado. Siempre hay un término medio.

Recuerda que cuando maté a Toby porque te gustaba demasiado, me reconcilié con tu padre. Armonía.

Empiezo a pensar que no me llamarás. Lo estarás pensando y comentándolo con alguno de tus amigos y riéndote porque sabes que cuanto más tardes en llamar más me harás sufrir.

Puede que hagáis apuestas sobre si me pego un tiro o me tiro por la ventana. Seguir leyendo “El punto medio”

¡Corre, joder!

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Joder. Casi me cogen. Me agarró de la camiseta y casi me tira al suelo. Creo que me la rompió. Con lo que me costó.
Estoy corriendo. Creo que son tres o cuatro los que me persiguen. Corro más que ellos. Creo.
Debí hacerles caso y darles el dinero cuando me dijeron que si se lo daba me dejarían ir sin más. Seguir leyendo “¡Corre, joder!”

Tumbados

Ya están los de arriba metiendo bulla, che. ¿Nos levantamos? – dijo él.

-No, aún no – dijo ella.

-Bueno, en verdad no se está mal en esta pieza. Espaciosa y toda para nosotros dos. Menos cuando vienen tus amigos, claro.

-Mis amigos han venido, vienen y vendrán. A pesar de ti. Lo del bastón del otro día no fue precisamente lindo.

-Oh, sí que fue lindo, che. Corrían como si les mordiera su propio orto. Sobre todo ese que lleva la gorra siempre picuda que le hace mala sombra. Ese que quiere algo con vos. Decime si no disfrutaste. Yo aún me estoy riendo.

-¡Riendo! Sos horrible. Mis amigos me hacen reír, vos solo me hacés llorar.

-Vos no podés llorar. Nunca pudiste.

-Sos cruel. Seguir leyendo “Tumbados”

Escala de grises

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-Joven, sin taras físicas. Hablo cuatro idiomas con fluidez. Sé lo que es un quark y lo puedo explicar. Dos grados con calificaciones notables. Familia sin antecedentes policiales hasta la tercera generación. He dejado que me picara la migala, me he comido las deposiciones del cerdo de Guinea, he abrillantado su zapato con mi lengua, he viajado en bicicleta a las Azores. He pasado todas las pruebas y ¡no me contrata!. ¿Por qué?

-Por el tono, está claro.

–No me lo puedo creer; ¿Por el tono de mi voz?

–Claro que no. ¿Bromea? Es el tono de su piel, que no marida con el color de la oficina. Lo siento.

Buscando mi sitio

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De noche, claro.
La belleza del cementerio entre brumas sólo comparable a las brumas que te hacen ir al cementerio antes de tiempo.

-Ernesto, ¿otra vez aquí?

+Señorita, tengo que estar. Es mi trabajo. Sepulturero desde niño, ya sabe.

-Ya sé. Y verdugo también. ¿no? Seguir leyendo “Buscando mi sitio”

Ernesto y Chema

Ernesto es un hombre normal. La normalidad entendida como ni bueno, ni malo, ni lo contrario. Su nombre no da para más. Ernesto para todos. Ni siquiera tiene un apócope familiar.
José María es capaz de ser bueno, malo y todos los matices entre ambos estados. Su nombre da para mucho. Es José María en las presentaciones, Chema para los amigos, Josema para sus posibles ligues, Don José para sus subordinados.

Ernesto llamó a Chema, su mejor amigo. Chema vio la llamada y la dejó extinguirse porque no le daba tiempo a pensar en cómo escabullirse de alguna encerrona fraternal. Tras cinco llamadas, aceptó la sexta. En su interior algo le dijo que no podía perder el contacto con un amigo de la infancia. Y además, recordó el placer que se siente cuando se está con alguien de plena confianza y que es peor que tú en todo. Puedes restregarle por las narices todo lo que tú tienes y que él no tiene y sólo escucharás de sus labios un “me alegro tanto por tí, nadie se lo merece tanto como tú”. Seguir leyendo “Ernesto y Chema”