Artonastia

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Ernesto meditaba entre los acordes de su guitarra y levitaba literalmente cuando le salían bien dos seguidos. Su cuarto era un pocilga con los libros bien ordenados: por colores. Sólo usaba drogas legales y alegales. Tenía una buena alimentación y hacía deporte regularmente. No se metía en líos, más que nada, porque, por experiencia, él siempre era el perdedor cuando había líos. Se podría decir que era un chico, tal vez no ejemplar, pero sí del montón. De los que no dan taquicardias a sus abuelos. Seguir leyendo “Artonastia”