Los relatos

En una calle concurrida

Aparte de pellizcarte, una de las formas de saber que estás vivo es ver fantasmas: si los ves, significa que no estás entre ellos, aunque puede ser que lo estés de otra manera, pero no en el sentido estricto.

Por aquello de la tradición popular, yo siempre pensé que no los vería hasta estar pronto a morirme, aunque ahora que lo pienso, pudiera ser que esté cerca de espicharla y es por eso que se van dejando ver “de a poquitos”.

También suponía que eran traslúcidos y amedrentadores. Pero todas mis ideas alicatadas al respecto reventaron el día que vi a Ernesto.

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Los condenados del rey

La leyenda cuenta que hace muchos años en un reino no tan lejano como el tuyo, vivía un rey de carácter alegre, condescendiente y de muy buen humor. Pero no hasta el punto de que le robaran una calabaza del huerto real.

Cuando se enteró, ordenó buscar al ladrón por todo el reino y, cuando fue encontrado, le condenó a morir: calabaza por calabaza.

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