Perro

Al viejo, de puro cobarde, sólo le mató la muerte. Al poco le venía a la vieja, pero no se dejó ir porque tenía cuita pendiente. Jamás había disparado la escopeta aunque sabía cómo funcionaba por ver al viejo manejarla. La sacó del armario armero, sacó una provisión de balas y se ocupó buen tiempo en vaciar media docena de metal; sólo dejó la pólvora.

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