Albania (capítulo 1)

Gracias a mi padre soy lo que soy. No sé si se lo debo agradecer o culparle de ello. El caso es que mi vocación desde niño fue la de policía. En mi casa no la debían valorar mucho porque nunca me regalaron nada que pudiera recordármela; ni una pistola de juguete. Cuando me la hice yo con dos palos y un clavo, mi padre los desunió y me dijo: -¡Hala! ya tienes dos cervatanas. Sopla hijo, sopla.-

 

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