La lechuga y el tomate

La lechuga y el tomate se iban de fiesta.

-Odio este disfraz. Me da calor y no me puedo mover. Si viniera por detrás el asesino que ya ha matado a seis personas en la ciudad, no me daría ni cuenta porque no puedo ni girar la cabeza. ¿Has visto los periódicos? Dicen que debe ser un loco que mata porque si.

+Bueno, al parecer sólo mata a personas solas y yo estoy contigo. Todo un tomate maduro.

 

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El doctor

Dios sabe que en los cientos (supongo) de muertes en las que participé, nunca llevé yo la guadaña. Los idiotas que me rodean tampoco la llevan, sólo prueban y yerran como los niños y los sabios.

Cuando conocí a mi mujer y a mis hijos ya habían pasado muchos años desde que empecé a vivir con ellos. Cuando mi mujer murió, aprendí que ver a la gente y mirar a las personas son cosas distintas.

Ahora lo veo claro. Pero ha tenido que ser ahora después de tantas oportunidades perdidas. Es mentira que nunca es tarde. Eso sólo lo dicen los que no han perdido nada. Idiotas.

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Perro

Al viejo, de puro cobarde, sólo le mató la muerte. Al poco le venía a la vieja, pero no se dejó ir porque tenía cuita pendiente. Jamás había disparado la escopeta aunque sabía cómo funcionaba por ver al viejo manejarla. La sacó del armario armero, sacó una provisión de balas y se ocupó buen tiempo en vaciar media docena de metal; sólo dejó la pólvora.

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Objetivo erróneo

Ya lo tenía todo planeado para acabar con su pesadilla. Gracias a los conocimientos de su trabajo había elaborado unos planes pulcros y con grandes probabilidades de éxito. Aún así no se hacía muchas ilusiones. Sabía que tantos meses de sufrimiento habían mermado sus capacidades. No era exhaustivo. El sufrimiento de los meses no te trastorna. Lo hace el diario. Día tras día con la misma voz en la cabeza: “cállala, apágala, destrúyela, acaba con ella”. Y el dolor insoportable en las sienes. No es el dolor que te postra y que arreglas con analgésicos. Es el que no te deja pensar en nada más que en la voz que te lo produce.

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Yerno informático

A ver si me da tiempo a contarlo.

Ayer llegué a casa con la cabeza loca. Algo fallaba en el algoritmo del proyecto pero no falla siempre. Se revisó una y mil veces por mí y por otros compañeros pero no encontramos ningún error. Funciona siempre excepto en algunos casos sin patrón alguno.

Cuando llegué, me acordé de que me habían invitado a cenar y de que llegaba tarde. Opté por un cambio de ropa rápido: desodorante sobre la que llevaba.

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Pico

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Cansada de hacer el amor con el que podría ser su hijo, se levantó sólo para ver su imagen sin miedo.

Le gustó que su espejo le devolviera una imagen de veinteañera. Acostumbrada a verse divina, volvió a la habitación, despidió a su amante sin ruido y, casi sin ganas, se puso a mirar el catálogo de “algo que hacer” para el resto del día. Seguir leyendo “Pico”