El alcalde Robanote

Eran una familia feliz. La madre, una gran gimnasta y científica afamada. Durante años había inventado infinidad de objetos útiles para la gente.
El padre, un buen artesano que tejía las alfombras más cómodas y deslumbrantes del país.
La hija seguía sus estudios con buenas notas, tenía amigos y no le faltaba nada para ser feliz.

Dije que eran felices porque ya no lo serían tanto desde que a la ciudad de Mandamás llegó como alcalde don Ernesto Robanote.

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El padre de Nora

Cuando eres joven te duele lo que se cura y de viejo lo que se pudre, lo irreversible, lo que ya no tiene más remedio que el analgésico o el paliativo.

Este chico al que voy a intervenir en media hora está sano según el informe y los análisis. Es decir, cada parte vital de su cuerpo está sana, cada músculo, hueso o tendón están sanos sin decadencia por la edad o por vicios. Con este material, Pigmalión hubiera hecho unas buenas entrañas para su novia sin necesidad de Afrodita. Pero buena parte de sus órganos vitales sanos están destrozados por lo que veo. Accidente de tráfico. No pone nada más. Sigue leyendo →

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Reposo

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La lechuga y el tomate

La lechuga y el tomate se iban de fiesta.

-Odio este disfraz. Me da calor y no me puedo mover. Si viniera por detrás el asesino que ya ha matado a seis personas en la ciudad, no me daría ni cuenta porque no puedo ni girar la cabeza. ¿Has visto los periódicos? Dicen que debe ser un loco que mata porque si.

+Bueno, al parecer sólo mata a personas solas y yo estoy contigo. Todo un tomate maduro.

 

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El doctor

Dios sabe que en los cientos (supongo) de muertes en las que participé, nunca llevé yo la guadaña. Los idiotas que me rodean tampoco la llevan, sólo prueban y yerran como los niños y los sabios.

Cuando conocí a mi mujer y a mis hijos ya habían pasado muchos años desde que empecé a vivir con ellos. Cuando mi mujer murió, aprendí que ver a la gente y mirar a las personas son cosas distintas.

Ahora lo veo claro. Pero ha tenido que ser ahora después de tantas oportunidades perdidas. Es mentira que nunca es tarde. Eso sólo lo dicen los que no han perdido nada. Idiotas.

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Albania (capítulo final)

Yendo hacia el centro de Madrid, al encuentro con mis amigos, tuve varias razones para dar media vuelta y dejar esta ciudad sobrevalorada, de la que se dice que es cosmopolita, humana y en la que todo el mundo es bienvenido, obviando que aquí también hay norte rico y sur pobre.

Acostumbrado a Oslo, Madrid me parecía una barbarie. Rudeza y anarquía. Parecía que, o las normas eran muy laxas o no había normas. Imposible reflexionar con tanta agitación.

Reservé habitación en el primer hotel con parking que vi y me lancé a una noche de juerga sin límites que estimularía mis neuronas para dar con la clave o, al menos, para entender a mi abuelo. Albania.

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