Relateína. Relatos para cafeinómanos

Esto no es literatura. No hay páginas en blanco que rellenar. Hay una taza de café a la derecha, una pared a la izquierda, al frente una puerta y por detrás una ventana. Es de noche y la taza de café trae la paz. Recuento de los errores y aciertos del día, planes de futuro inmediato o incierto, sonrisas y fruncidos de ceño sinceros porque nadie los ve. La relateína se está creando.
Con la segunda taza de café comienza la magia: miles de letras entran por la ventana, vuelan por toda la habitación y te atrapan. Sellan la puerta y sabes, una vez más, que sólo puedes salir de la habitación si las ordenas una por una como un puzzle gigante. La relateína ha invadido mi espacio.
Esto no es literatura, es sólo el resultado de juntar letras para poder escapar e irse a dormir.