Ernesto tiene prisa

A Ernesto nunca le gustaron los abogados, prefería los forenses.

De pequeño le gustaba más oir el “mira que eres gilipollas” de después, que el “ni se te ocurra” de antes.

Olió el tufo de la muerte cuando su retrovisor derecho pasó a tres centímetros del pilar de un viaducto cualquiera.

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Utopía

-¿Por qué haces eso? Te vas a matar y te lo estás buscando.

+Y ¿por qué no voy a hacerlo si puedo? Todo se ve distinto desde aquí.

-Será precioso ver esos instantes, pero aquí los instantes duran más.

+Es maravilloso ver las cosas desde fuera. Aunque sólo sea por tan poco tiempo de cada vez.

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