Ernesto tiene prisa

A Ernesto nunca le gustaron los abogados, prefería los forenses.

De pequeño le gustaba más oir el “mira que eres gilipollas” de después, que el “ni se te ocurra” de antes.

Olió el tufo de la muerte cuando su retrovisor derecho pasó a tres centímetros del pilar de un viaducto cualquiera.

Seguir leyendo “Ernesto tiene prisa”

Pedazo

Hace un segundo habría dejado todo por una palabra tuya. Ahora saboreo el azul y el verde a cada vuelta que doy. Huelo los aromas de hierbas que nunca identifiqué. El viento no me deja ni escuchar ni imaginar esa palabra que hubiera cambiado mi vida. Ahora ya puedo quererte u odiarte porque nunca más estaré a tu lado. Ya no importa.

No tengo tiempo de preocuparme más por ti. Sólo pienso en quitarme este trozo de la manzana del desayuno que se me ha quedado entre dos muelas antes de estrellarme contra el suelo.

Por razones de seguridad

Por razones de seguridad, no se hizo público el lugar de encuentro. Fue en un edificio céntrico de Madrid. El primero en llegar fue el propio inquilino del lugar. Después llegaron los de Mercadona y el del Carrefour.

-¿Hablásteis con los de los bancos? -Preguntó el anfitrión.- No es lo mismo sin ellos.

El hombre del Mercadona habló: -Sí, pero no está claro que vengan. Manda la del Santander y, ya sabes, las mujeres no lo ponen fácil.

Seguir leyendo “Por razones de seguridad”

Una estrella

En verano, con tiempo y cielo despejado los niños preguntan y los padres tienen paciencia. El niño preguntó por las estrellas y el padre respondió en las nubes.

–Sí, hijo. ¿Qué estrella quieres? Sólo tienes que desearlo mucho y será tuya.-

Los deseos de los niños se diluyen entre sus sueños pero, esta vez, el sueño estaba tardando demasiado con un vecino suyo y no pudo aparecer. El niño no pudo parar de desear y desear… Al sueño no le dio tiempo. Llegó, el niño se durmió, pero ya era tarde. Al despertar, el niño se vio rodeado de llamas por todas partes. Y eso que deseó una estrella pequeñita…

una-estrella

 

 

El punto medio

No sé por qué te resulta tan difícil entender que yo no quiero ser feliz… ni desgraciado. Siempre hay un término medio.

Recuerda que cuando maté a Toby porque te gustaba demasiado, me reconcilié con tu padre. Armonía.

Empiezo a pensar que no me llamarás. Lo estarás pensando y comentándolo con alguno de tus amigos y riéndote porque sabes que cuanto más tardes en llamar más me harás sufrir.

Puede que hagáis apuestas sobre si me pego un tiro o me tiro por la ventana. Seguir leyendo “El punto medio”

Escala de grises

escala-de-grises

-Joven, sin taras físicas. Hablo cuatro idiomas con fluidez. Sé lo que es un quark y lo puedo explicar. Dos grados con calificaciones notables. Familia sin antecedentes policiales hasta la tercera generación. He dejado que me picara la migala, me he comido las deposiciones del cerdo de Guinea, he abrillantado su zapato con mi lengua, he viajado en bicicleta a las Azores. He pasado todas las pruebas y ¡no me contrata!. ¿Por qué?

-Por el tono, está claro.

–No me lo puedo creer; ¿Por el tono de mi voz?

–Claro que no. ¿Bromea? Es el tono de su piel, que no marida con el color de la oficina. Lo siento.