Ernesto y el donut

Ernesto comiéndose su tercer donut se atragantó por el aviso de llamada de su patrulla.

Con el susto, tuvo la mala suerte de expulsar un trocito del donut que llegó a caer en el café del señor de al lado y la buena suerte de que el señor había echado galletitas troceadas en el café y estaba hablando con el señor de el lado opuesto sin poder ver lo que le pasaba a Ernesto.

Ernesto no consideró de especial importancia avisar al señor de al lado de la intrusión espontánea en su café y se fue a cumplir su cometido: resolver un caso policial.

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El diario de Laura

A Laura, Laurita, le regalaron un diario.

Se lo dieron envuelto en precioso papel de celofán y con una nota:

“Seguro que todos tus sueños se harán realidad y los escribirás en estas páginas”

En el momento de escribir la nota dedicatoria a nadie se le ocurrió que el orden de la frase se pudiera invertir en algún momento.

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Una estrella

En verano, con tiempo y cielo despejado los niños preguntan y los padres tienen paciencia. El niño preguntó por las estrellas y el padre respondió en las nubes.

–Sí, hijo. ¿Qué estrella quieres? Sólo tienes que desearlo mucho y será tuya.-

Los deseos de los niños se diluyen entre sus sueños pero, esta vez, el sueño estaba tardando demasiado con un vecino suyo y no pudo aparecer. El niño no pudo parar de desear y desear… Al sueño no le dio tiempo. Llegó, el niño se durmió, pero ya era tarde. Al despertar, el niño se vio rodeado de llamas por todas partes. Y eso que deseó una estrella pequeñita…

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Yerno informático

A ver si me da tiempo a contarlo.

Ayer llegué a casa con la cabeza loca. Algo fallaba en el algoritmo del proyecto pero no falla siempre. Se revisó una y mil veces por mí y por otros compañeros pero no encontramos ningún error. Funciona siempre excepto en algunos casos sin patrón alguno.

Cuando llegué, me acordé de que me habían invitado a cenar y de que llegaba tarde. Opté por un cambio de ropa rápido: desodorante sobre la que llevaba.

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Necesito ayuda

Me acabo de despertar. No bebo, ni me drogo ni nada de nada, pero me duele la cabeza y no sé dónde estoy. Lo primero que siento es calor y humedad. Lo segundo es que estoy desnudo, bueno, con una especie de taparrabos. Lo tercero es el olor: nauseabundo, entre pescado podrido y orín. Levanto la cabeza y veo un pene apuntando hacia mí. ¡Joder! Me están meando en la cara. Me desmayo.
Me vuelvo a despertar. Y recuerdo lo anterior. Casi sin abrir los ojos intento averiguar si eso tan desagradable ha sido un sueño, una pesadilla, o ha sido real. Real no puede ser, obviamente, me digo.

Me cuesta abrir los ojos del todo. Están pegajosos. Tengo una capa densa de… de… de… No sé. Es una especie de grasa que apesta a pescado podrido y a meados. ¡Joder!

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Pico

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Cansada de hacer el amor con el que podría ser su hijo, se levantó sólo para ver su imagen sin miedo.

Le gustó que su espejo le devolviera una imagen de veinteañera. Acostumbrada a verse divina, volvió a la habitación, despidió a su amante sin ruido y, casi sin ganas, se puso a mirar el catálogo de “algo que hacer” para el resto del día. Seguir leyendo “Pico”