Déjà vu invertido

-Buenas noches papá.
+Buenas noches. Que duermas bien.
¡¡Crash!!

-No sé cómo explicarlo, doctor. Fue como un déjà vu al revés. En lugar de creer estar en una situación ya vivida, me sentí como usurpando la vida de otro. La personita que cerraba la puerta de su habitación y se despedía con la sonrisa de no tener que madrugar al día siguiente no era mi hija. Es difícil de explicar. Seguir leyendo “Déjà vu invertido”

El padre de Nora

Cuando eres joven te duele lo que se cura y de viejo lo que se pudre, lo irreversible, lo que ya no tiene más remedio que el analgésico o el paliativo.

Este chico al que voy a intervenir en media hora está sano según el informe y los análisis. Es decir, cada parte vital de su cuerpo está sana, cada músculo, hueso o tendón están sanos sin decadencia por la edad o por vicios. Con este material, Pigmalión hubiera hecho unas buenas entrañas para su novia sin necesidad de Afrodita. Pero buena parte de sus órganos vitales sanos están destrozados por lo que veo. Accidente de tráfico. No pone nada más. Seguir leyendo “El padre de Nora”

La lechuga y el tomate

La lechuga y el tomate se iban de fiesta.

-Odio este disfraz. Me da calor y no me puedo mover. Si viniera por detrás el asesino que ya ha matado a seis personas en la ciudad, no me daría ni cuenta porque no puedo ni girar la cabeza. ¿Has visto los periódicos? Dicen que debe ser un loco que mata porque si.

+Bueno, al parecer sólo mata a personas solas y yo estoy contigo. Todo un tomate maduro.

 

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El doctor

Dios sabe que en los cientos (supongo) de muertes en las que participé, nunca llevé yo la guadaña. Los idiotas que me rodean tampoco la llevan, sólo prueban y yerran como los niños y los sabios.

Cuando conocí a mi mujer y a mis hijos ya habían pasado muchos años desde que empecé a vivir con ellos. Cuando mi mujer murió, aprendí que ver a la gente y mirar a las personas son cosas distintas.

Ahora lo veo claro. Pero ha tenido que ser ahora después de tantas oportunidades perdidas. Es mentira que nunca es tarde. Eso sólo lo dicen los que no han perdido nada. Idiotas.

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Perro

Al viejo, de puro cobarde, sólo le mató la muerte. Al poco le venía a la vieja, pero no se dejó ir porque tenía cuita pendiente. Jamás había disparado la escopeta aunque sabía cómo funcionaba por ver al viejo manejarla. La sacó del armario armero, sacó una provisión de balas y se ocupó buen tiempo en vaciar media docena de metal; sólo dejó la pólvora.

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