La Pelambrera

Delirando, Gloria, todo lo imaginaba con pelo. Ella misma, su madre a la que casi no conoció, sus juguetes… En la cama de su abuela, entre sudores y espasmos, veía a sus muñecas con el pelo hasta el suelo; a los castillos de piezas que construía de niña les caían melenas desde las almenas; los coches con los que jugaba dejaban una estela de pelo cobrizo, castaño, rubio, pelirrojo.
Cuando volvía del delirio, lo primero que hacía era buscar su nuca para encontrar su mata de pelo y seguirla con las manos hasta donde daba su envergadura.

Entonces, se asustaba al encontrase en casa ajena, totalmente empapada de su sudor y de la humedad pegajosa que dejan los sueños cuando se han vivido bien.

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