Déjà vu invertido

-Buenas noches papá.
+Buenas noches. Que duermas bien.
¡¡Crash!!

-No sé cómo explicarlo, doctor. Fue como un déjà vu al revés. En lugar de creer estar en una situación ya vivida, me sentí como usurpando la vida de otro. La personita que cerraba la puerta de su habitación y se despedía con la sonrisa de no tener que madrugar al día siguiente no era mi hija. Es difícil de explicar.La conocía porque vivo con ella, juego con ella, la educo, disfruto todos sus pasos en la vida, pero no era mi hija. Me quedé paralizado hasta que giré la cara hacia el espejo y vi cómo chorreaba la espuma de la pasta de dientes por mi cuerpo hasta el suelo. Fue como si me despertara otra vez y vi a mi mujer a mi lado abrazándome y hablándome en cine mudo.

+Bueno. Primero, que no soy doctor. Soy diplomado en psicología. Preferiría que me llamase por mi nombre. Ya nos conocemos y da más confianza. Usted sí que tiene un doctorado y estoy seguro de que tiene armas para enfrentarse a estos miedos. Yo le ayudaré a encontrarlas. Siga contando, por favor.

-Después se lo conté a Lora, mi mujer, y nos fuimos a la cama a ver fotos nuestras. Pero no hay fotos en las que pueda reconocernos. Estoy yo, cambiado. Está Lora, cambiada. Y de mi hija no hay fotos conmigo.

+Ernesto, usted estuvo varios años en coma. Su mujer y usted adoptaron a una niña que usted no llegó a ver hasta salir del coma. Tener fotos de su hija con usted en estado vegetativo en la cama de un hospital no parece muy atractivo de ver. ¿A usted le gustaría? Mire, dé gracias a dios de poder estar como está después del accidente y de sus años de coma inducido. Lo que le pasa se conoce científicamente como déjà vu invertido. No le dé más importancia. ¡Vaya! Nos hemos pasado del tiempo de consulta. Bueno, no pasa nada por esta vez. Por cierto, ya nos han reparado el lector de tarjetas. Ya no tendrá que pagar en efectivo. Buenos días y no se preocupe, su caso va muy bien.

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De Astaná a Esil son como seis horas de viaje dependiendo del tiempo. Allí los neonatos lo son hasta los seis meses de vida porque al recién nacido que muere en las primeras cuarenta y ocho horas tras el parto se le considera aborto. En el orfelinato de neonatos huérfanos se pide la identificación al entrar y al salir si eres kazajo o ruso; si eres extranjero y con dinero, son más laxos. Al entrar le costó aguantar la náusea del olor entre mierda humana mezclada con lejía pero se acostumbró enseguida. Iba detrás de la funcionaria de adopciones y de su traductora que no mostraban ninguna empatía hacia su emoción de madre. La llevaron a una sala pequeña con cuatro paredes y una silla que casi no le dio tiempo de utilizar porque en pocos minutos le trajeron a su futura hija.

La cogió con mucha emoción y con cierto miedo a no se sabe qué o a todo. Las funcionarias se fueron por unos minutos, según dijeron.
Se sentó con su bebé y empezó a conocerla. Le quitó la envoltura para cerciorarse de que era niña, por si acaso. La sobó, le dio besos y le hizo carantoñas. Se estaba ilusionando hasta tal punto que ya la veía en su casa con su cuna y con todos los regalos del primer mundo. Sacó el móvil y puso su canción favorita para ver la reacción de la niña y le resultó extraño que no hiciera nada. Le acercó el móvil a la oreja y se lo alejó varias veces pero nada. Después se lo acercó y alejó de los ojos y tampoco vio reacción.

Cuando volvieron la funcionaria y la traductora les dijo que esa no era la niña que había visto en los vídeos que le habían enviado. Y ellas no disimularon. Le explicaron que a todos los posibles adoptadores les intentan “vender” a los bebés malformados porque, si no, en ese sitio no sobreviven a un año. Si no tienen medios para los “normales”, menos para los “deformes”. En este caso, la niña es sorda y con retraso mental pero no ciega; si no miraba el móvil sería porque no le interesaba lo que le había puesto. Se llevaron al bebé defectuoso y le trajeron al bebé que le habían prometido.

Tras contrastar al bebé con los vídeos y fotos y comprobadas sus aptitudes sensoriales, respiró aliviada. A la salida sólo quedaba formalizar la adopción. Ya tenían todos sus datos y sólo quedaba la firma. Entonces se dirigió a su traductora.

-Perdone. Hay un error. Mi nombre es Lora. Aquí pone Nora. También está mal en mi pasaporte. Tengo que ponerlo al día.

La traductora se lo explicó a la funcionaria y ésta no puso ninguna objeción.

+Mire, en otras circunstancias no podríamos darle el bebé en adopción porque su nombre de solicitud y de acogida no coinciden pero, teniendo en cuenta que usted tiene dos apellidos, la falsificación es más difícil. Y, además, sólo es por una letra. Es fácil equivocarse en una letra. Disfrute de su bebé.

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Ring, ring, ring…

-¡Loraaaaaa es tu teléfonoooo!

+Vooooy, Ernesto. Tengo que poner tu grito de tono de llamada, que se oye más.

+¡Hola mamá! ¿Qué pasa? Estás llamando a otro continente. Esto cuesta un pastizal.

-¡Hola Norita! Es que tu padre está muy mal de salud. Desde la muerte de Lora no levanta cabeza. ¿No has pensado venir por aquí para vernos? Por lo menos tu hermana venía una vez al año.

+Mamá, no puedo gastarme el sueldo de dos meses en el viaje. Lora sí podía permitírselo.

-Ya. Y además tenía a su hombre que le hacía feliz, no como tú, tanta soltería. ¿Cómo se llamaba? ¿Ernesto? ¿Qué fue de él?

+No sé mamá. Creo que murió en el accidente también.

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