El doctor

Dios sabe que en los cientos (supongo) de muertes en las que participé, nunca llevé yo la guadaña. Los idiotas que me rodean tampoco la llevan, sólo prueban y yerran como los niños y los sabios.

Cuando conocí a mi mujer y a mis hijos ya habían pasado muchos años desde que empecé a vivir con ellos. Cuando mi mujer murió, aprendí que ver a la gente y mirar a las personas son cosas distintas.

Ahora lo veo claro. Pero ha tenido que ser ahora después de tantas oportunidades perdidas. Es mentira que nunca es tarde. Eso sólo lo dicen los que no han perdido nada. Idiotas.

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