Una habitación poliédrica

Ernesto tenía todo lo que una persona corriente podría desear. No tenía trabajo para tener que ganarse la vida ni trabajo para tener que no aburrirse.

Su dieta era rica y variada y de la mejor calidad; tendría los mejores vinos y licores si no fuera porque era abstemio y no le sentaban bien a su salud.

Su casa o, más bien, su habitación, era grande, más grande que la mayoría de las viviendas habituales que suele tener cualquier familia de clase media; si es que existe la clase media.

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