Artemisa, Ernesto y la luciérnaga

A Artemisa no le gustaba su nombre. Lo odiaba.
Sabía que su nombre era el de la diosa protectora de los animales salvajes y ella adoraba a los animales salvajes: tigres, ciervos, águilas, cebras y hasta ratas.

Pero ella, aunque se llamara Artemisa como la diosa, lo único que veía todos los días eran cuatro vacas esqueléticas, un perro mimoso y pulgoso, un cerdo cebado y un gato arisco que no se dejaba acariciar.

Seguir leyendo “Artemisa, Ernesto y la luciérnaga”