Cenando

Ernesto y Nora suelen ponerse al día por la noche, en la cocina cenando. Se ríen, discuten, charlan, se miran y se comparten.

A veces se enfadan.

-¡No sé por qué me dices que soy un desconfiado! ¿Tu olla, que siempre va de aquí para allá, alguna vez se posó en el helipuerto del sentido común?

+Ernesto, no es para tanto. No te dije que…

-Que era un desconfiado. Y tú y yo y los demás, ¿cómo somos? ¡Idiotas! Ya te lo digo yo. Crédulos ignorantes. Cogemos el coche y vamos a toda velocidad por una carretera de doble sentido sin saber si vamos a chocar con cada coche que viene de frente. Sin saber si su conductor tiene tendencias suicidas o una enfermedad mental o si está a punto de dormirse. Pero nos creemos que no vamos a chocar porque sí. Confiamos nuestra vida al azar.

+Ernesto, de verdad, el café de siempre…

-Y ¿qué me dices los médicos? La medicina es una ciencia, me dirás. Y claro que lo es. Pero depende de quién la aplique y cómo lo haga. Hay médicos buenos y malos. Tú misma lo dices. ¿Por qué te cambiaste de médico el año pasado? Porque no confiabas en él. Y me parece normal. No te llamé desconfiada por eso.

+Ernesto, escucha, se había agotado y…

-Y la justicia. Los jueces. Las leyes están escritas. Cualquiera puede leerlas. Pero depende del juez que te toque, te vas para casa bailando una rumba o para la trena con el baile del señorito. Un juez es una persona que se ha sacado la carrera y aprobado una oposición. Pero seguirá siendo lo que es, ya sea altruista, bondadoso, inteligente o racista, machista, tonto del culo… Sino, mira lo de mi hermano y lo de mi primo. Por medio quilo de jaco, el uno en la calle y el otro tres años. Y también hay que confiar en los jueces, claro, claro.

+Ernesto, tu primo agredió a un policía cuando lo iban a detener. Pero, sobre lo nuestro, no te dije nada porque…

-Claro, mi primo que tenía el apodo de “el salchicha” y que, cuando se quedó cojo en el accidente, se lo dejaron en “el chicha” porque ya no podía ni saltar un bordillo. Que nunca tuvo una pelea por pura pena que daba de lo esmirriado. ¿Cómo crees que se agravó la pena por atentado a la autoridad? Un mes de baja estuvo el policía según el parte médico. Si mi primo pisa una cucaracha y puede viajar encima de ella. ¿Crees que se puede confiar en ese policía que simuló agresión, en ese médico que dio el parte de baja y en ese juez que dictó sentencia?

+Ernesto, de acuerdo, no me acordé de decírtelo pero no creo que sea para desconfiar de mí; ¡sólo compré otra marca de café!. ¡Ni que te quisiera envenenar!

-Ya que sacas el tema, desde que dejé de fumar he recuperado el olfato y, créeme, no me importa la marca del café, más bien me importa el aroma que tiene a almendra últimamente. Por supuesto, no he probado ni un sorbo desde que lo detecté. No creo que me siente bien el cianuro. Tú, sin embargo, te has cenado una buena ración de amanita phalloides mezclada con tus níscalos. Despídete de tu hígado.

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